Los presocráticos y el arché (arjé)


Los presocráticos y el arché (arjé)


En la historia el hombre ha deseado conocer y comprender el mundo que rodea su vida y del cual siente fascinación. Su asombro despierta una intención incesante por lo arcano, es decir, por lo aún no cognoscible y que su razón pretérita concibe oculto y no develado. Sugestionado por lo que él deduce un enigma, indaga, y resuelve encontrar, respuestas que le permitan vislumbrar lo que para su saber se muestra velado y que para el hombre es causa de impresión. 




Asombrado por la naturaleza, y por lo que en su vida significa el entorno, descubre, en el mito, narraciones que le hacen construir argumentos que tratan de explicar la verdad de lo que en el hombre ha sido causa de curiosidad, a saber: el origen del mundo, la naturaleza misma, el hombre, la divinidad y todo por lo que en la vida el hombre mismo se sienta afectado. No obstante, el mito, como género narrativo, no fue una respuesta satisfactoria o lo suficientemente clara en el deseo intrínseco del hombre por la verdad. Pretendiendo encontrar, entonces, en el sentido común, respuestas que compensen su curiosidad.


Una vez explicado el mito como referencia de un saber es indudable que a este tipo de conocimiento debemos sumar el sentido común, como un conocimiento intuitivo del cual la razón se auxilia para proveer al hombre lo necesario en cuanto su capacidad de dominio sobre la naturaleza, pero ¿En qué se diferencia el sentido común con la filosofía?  El sentido común ciertamente difiere primero del mito porque este no necesita explicaciones extraordinarias de la realidad, sino que es un conocimiento adquirido de la vida cotidiana que permanece almacenado en la memoria colectiva de los pueblos, pero ¿Y de la filosofía?


La filosofía se ha preocupado siempre por realizar una lectura histórica de lo que la vida significa y de lo que en ella contiene. Pero no fue, sino, hasta el siglo VII a.C que la filosofía misma comienza a tomar forma con los llamados filósofos presocráticos o filósofos de la naturaleza.


Los primeros filósofos, los presocráticos, oriundos del mundo griego antiguo, 
principalmente de la región de Jonia, en la costa mediterránea, de lo que hoy se conoce como Turquía, fueron quienes se interesaron en facilitar -al saber humano- respuestas no sustentadas en el mito, ni en el sentido común, sino en la razón como argumento profundo y no superficial de la verdad, que el ahora filósofo desea develar.




El hombre con el mito, y el sentido común, ha tratado de resolver la verdad de sus inquietudes y preguntas que solo en la filosofía, y posteriormente en la ciencia, logrará solventar. No obstante, será la filosofía quien abrirá camino hacia respuestas profundas y no superficiales de la verdad. La intención de los primeros filósofos fue precisamente el desvelamiento de la verdad, o el desocultamiento del ser, la aletheia.   


La aletheia refiere a lo no oculto, y es precisamente la finalidad de los primeros filósofos el lograr penetrar en los misterios, que a lo largo de la historia será de interés para la filosofía, el ser. Es decir, aquello de lo que la realidad está compuesta y que por su naturaleza es el sustento o el fundamento del todo. Buscan el principio que une el todo y que se contiene en el todo de la naturaleza, la physis. Y es a este principio que los primeros filósofos señalaron como el arché o el arjé.


El arché que en el logos o en la razón, y no en el mito, o lo que será propiamente el sentido común, será develado como principio del todo y participe sustancial de lo que es el todo como realidad presente, por ende, el arché no es ausente de lo que la physis o naturaleza misma contienen, sino que lo integra y, de él, emanan los contrarios que al ser sustanciales de este mismo principio hacen posible la unidad en la diversidad de elementos que comprenden el orden que el logos pretende colegir.




Por ende, serán aquellos primeros filósofos, los presocráticos, quienes abrirán vereda en lo que será para la filosofía su intención originaria, aprehender la realidad y lo que el mundo contiene como verdad. El arché será entonces el concepto a través del cual la filosofía tratará de explicar el origen del escenario que significa el mundo, pretendiendo, así, construir una cosmovisión que revele el logos o la razón de ser del todo que la razón misma pueda colegir como verdad.


A modo de conclusión comparto lo que Aristóteles, en su tratado sobre metafísica, libro primero, capítulo tres,  refirió sobre este arché como principio sustancial holístico del cual todo se contiene y de donde el todo emana:

"Pues bien, la mayoría de los filósofos primitivos creyeron que los únicos principios de todas las cosas eran los de índole material; pues aquello de lo que constan todos los entes y es el primer origen de su generación y el término de su corrupción, permaneciendo la substancia pero cambiando en las afecciones, es, según ellos, el elemento y el principio de los entes. Y por eso creen que ni se genera ni se destruye nada, pensando que tal naturaleza se conserva siempre, del mismo modo que no decimos que Sócrates llegue a ser en sentido absoluto cuando llega a ser hermoso o músico, ni que perezca si pierde estas maneras de ser, puesto que permanece el sujeto, es decir, Sócrates mismo. Así, tampoco se genera ni se corrompe, según estos filósofos, ninguna de las demás cosas; pues dicen que siempre hay alguna naturaleza, ya sea una o más de una, de la cual se generan las demás cosas, conservándose ella"  (Aristóteles, tratado sobre metafísica, libro I, capítulo III)








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