La educación en la filosofía de Platón
La educación, según su raíz etimológica latina "educare" o "educere", se define como el proceso por el cual el hombre es conducido y orientado hacia la episteme, es la marcha por la cual el alma o espíritu recibe su alimento, por ende, el conocimiento. Pero educar significa también extraer, sacar o hacer nacer las ideas que el alma o la razón tienen en su haber. Así, la educación se convierte en un proceso y en un acompañamiento.
Educar es acompañar al individuo en la construcción del intelecto, el juicio y el entendimiento.
La educación es también un proceso histórico, es decir, a lo largo de la historia la educación acontece siempre como una realidad presente, el hombre inserto en la historia se desarrolla en una cultura o en una época determinada y este necesita, en el proceso de socialización, ser acompañado de tal manera que su juicio se adapte a la realidad que le circunda.
Los griegos antiguos nos enseñan que, al recibir el hombre de Prometeo (un dios - titán de la mitología griega) el fuego robado a los dioses del Olimpo, recibe en sus manos la responsabilidad de crear y transformar su propia historia, de crear su cultura y de transmitir a las generaciones siguientes las habilidades y destrezas desarrolladas en el sostenimiento de la civilización. Recibe la responsabilidad de educar.
Cómo explica Platón la educación
Platón nace en el siglo V a.C su vida transcurre en Atenas entre los años 427 - 347 a.C. Fue un filósofo griego que, al ser discípulo de Sócrates, y maestro de Aristóteles, es considerado figura central del pensamiento filosófico de occidente. Así, su pensamiento se convierte en referente de la cultura occidental, su nombre verdadero fue Aristocles, pero recibe el sobrenombre de Platón por su espalda ancha, mote que recibe de su profesor de gimnasia.
El pensamiento o la filosofía de Platón se conoce como un idealismo filosófico, esto por su teoría de la existencia de dos mundos, donde explica un mundo sensible como copia y reflejo del mundo de las ideas, es decir, de un mundo inteligible, imperecedero e inmutable que sostiene el mundo perecedero y mutable, a saber; el mundo sensible. El mundo de las ideas es entonces para Platón el mundo real, el mundo donde el conocimiento y la verdad tienen su haber, un mundo en el cual la educación debe tener su fundamento.
En línea con el idealismo de Platón, el mito de la Caverna del cual nos habla el filósofo nos enseña que la realidad sensible es solo apariencia, y que lo verdadero se encuentra en las ideas, por ende, la razón que se instruye "es aquella que logra superar el sentido común pasando de lo tangible a lo inteligible, es decir, de lo aparente a lo verdadero" (Tiempo de Educar, vol. 13, núm 25 )
Para Platón, y su filosofía, la educación debe conducir al hombre desde su infancia al mundo real, que no es más que el mundo de las ideas, educando la voluntad y la razón hacia la verdad. La educación, es, por ende, un proceso donde al niño se le acompaña y se le instruye en la verdad, conduciendo su voluntad hacia la virtud y hacia el bien universal. Siendo el mundo de las ideas la columna que sostiene los universales, es decir, las ideas eternas que no cambian.
Así, en Platón, el bien es universal así como la moral y la ética, y por tanto estas no deben variar. La educación, por ende, debe guiar al alma hacia el encuentro con la verdad, certeza que para el alma no le es difícil reconocer porque esta pertenece no al mundo sensible, sino al mundo de las ideas. Educar es también extraer o dar a luz lo que el alma desde su interior conoce, el alma advierte la verdad porque esta ha estado ya con ella en lo inteligible, el alma educada reconoce entonces lo real, la moral, el bien y la virtud, ideas eternas que no cambian ya que estas son, según Platón, inmutables, universales y no contingentes, sino necesarias.
No obstante, en este contexto de aprendizaje, a mediados y finales del siglo V a.C existían los llamados sofistas, maestros de gramática y retórica que enseñaban el arte del discurso y de las ciencias matemáticas, esto para la formación de la política, así como de la técnica. La educación para los sofistas versaba en enseñar al hombre el arte de la dialéctica, no con el fin de lograr la verdad, sino el prestigio y el buen honor, así como el de la técnica, que con el auxilio de las matemáticas hacían del hombre instruido un hombre de ciencia. La educación sofista trata entonces sobre el lenguaje y las ciencias matemáticas, pero ¿En cuanto la virtud y la moral, es decir, el comportamiento habitual del hombre en sociedad qué decían los sofistas?
Protágoras (481 - 411 a.C), el más famoso sofista, enseñaba -sobre la virtud o la vida moral- que el ethos era constituido por las costumbres propias de una sociedad, y por tanto -para el sofista- no existe un principio universal que haga definir la virtud como ciencia. El hombre, decía Protágoras, construye su verdad de acuerdo a su contexto o situación histórica, y el papel del sofista consistía entonces en enseñar a los hombres el arte de defender con coherencia retórica sus ideas y su verdad, asunto que no es compartido por Platón y su maestro Sócrates.
Contrario a estas afirmaciones sofistas, Platón defiende la existencia de un principio universal capaz de hacer de la virtud una ciencia, ya que la enseñanza remunerada de los sofistas negaba la posibilidad de un saber común. La virtud, la moral o el ethos en general eran, por ende, relativos a cada cultura, época o realidad histórica, sin embargo, la teoría de los dos mundos de Platón desmiente tal afirmación, ya que, para el filósofo en lo inteligible o mundo de las ideas es donde se encuentra la verdad de la virtud, que es, en sí misma, inmutable e imperecedera, y por tanto, toda alma educada es capaz de ella.
La educación, en consecuencia, es para Platón una filosofía, una enseñanza de vida que encamina al alma hacia los principios invariables del ethos. La vida moral posee en sí un fundamento universal que hace de la idea de la virtud una ciencia capaz de ser instruida y que no depende de cada cultura o época para ser determinada, sino que es definida en su idea universal. En los diálogos de "la República" y "las leyes", Platón plasma su pedagogía, y su filosofía sobre educación que no es más que instruir al alma hacia la verdad.
La enseñanza no es entonces únicamente en la retórica o en las matemáticas, como pretendían los sofistas, la educación no es solo técnica u oratoria, sino que también la educación hace referencia al ethos, a las costumbres o normas de vida que tienen un principio universal y que hace dirigir la voluntad hacia el bien, idea universal de la cual la inteligencia humana es capaz de alcanzar cuando el hombre es instruido en la verdad.


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