Pitágoras y el problema presocrático del "Ser"

 

Pitágoras y el problema presocrático del "Ser"


Con los llamados filósofos de Mileto, o filosofía jónica, occidente inició su camino en lo que será el desvelamiento del Ser, es decir, el desocultamiento de la verdad de lo que sostiene y origina la realidad natural, o el mundo material, que el hombre, por medio del logos -y la razón- aprehende e indaga. Principio substancial que fue denominado por la filosofía occidental como el arché (arjé), del griego ἀρχή que significa principio u origen. 


En Mileto, la filosofía transita del mito al logos, es decir, del mito a la razón, siendo protagonistas de este proceso los llamados filósofos presocráticos  Tales, Anaximandro y Anaxímenes, quienes precisaron -respectivamente- en el agua, el ápeiron (o lo que se define como aquello que no se determina) y en el aire, el principio o arché de la materia o naturaleza que la filosofía examina e inquiere. 

 

No obstante, la filosofía seguirá buscando el elemento originario del todo, por lo que pasando de la ciudad de Mileto nos ubicamos ahora en la isla de Samos, cuna originaria del filósofo Pitágoras quien definirá en los números el elemento natural de la physis, para pasar, posteriormente, a Éfeso y a Elea con los filósofos presocráticos que versan sobre el cambio, Heráclito y Parménides.


Pitágoras y los Matematikoi 


Pitágoras (569 - 475 a.C), quien nació en la isla de Samos, en el mar Egeo cerca de las costas de Asia Menor de lo que hoy es Turquía, estableció, en Crotona, sur de Italia, la escuela filosófica de los matematikoi quienes junto a los acusmáticos disputaron su originalidad como escuela pitagórica. Los pitagóricos, pertenecieron a una corriente filosófica que, en línea a su autor -Pitágoras- concebían en los números la causa originaria e inmanente del todo.


Para los pitagóricos los números son el principio originario de donde todo tiene su causa y origen substancial, pero ¿Por qué los números? 


Pitágoras definió que en el cosmos existe un orden matemático que solo puede ser develado con el ausilio de los números, ya que para el filósofo la armonía es quien gobierna el universo. Del mismo modo que la música muestra su armonía, la cual puede ser medible bajo intervalos  y sonidos que se dividen entre si, el universo entero contiene esa misma armonía que solo puede ser mensurable numéricamente.


Aristóteles, en su Tratado de Metafísica, Libro primero,  capítulo V, sobre los pitagóricos señala que:


"En tiempo de estos filósofos y antes que ellos, los llamados Pitagóricos se dedicaron por de pronto a las matemáticas, e hicieron progresar esta ciencia. Embebidos en este estudio, creyeron que los principios de las matemáticas eran los principios de todos los seres. Los números son por su naturaleza anteriores a las cosas, y los pitagóricos creían percibir en  los números más bien que en el fuego, la tierra y el agua, una multitud de analogías con lo que existe y lo que se produce. Tal combinación de números, por ejemplo, les parecía ser la justicia, tal otra el alma y la inteligencia, tal otra la oportunidad; y así,  poco más o menos, hacían con todo lo demás; por último, veían en los números las combinaciones de la música y sus acordes. Pareciéndoles que estaban formadas todas las cosas a semejanza de los números, y siendo por otra parte los números anteriores a todas las cosas, creyeron que los elementos de los números son los elementos de todos los seres, y que el cielo en su conjunto es una armonía y un número" (Aristóteles, Tratado de Metafísica, Libro Primero V)


La escuela de Pitágoras advertía no solo una armonía numérica dentro del universo, sino también una dialéctica de contrarios, a saber; "luz y oscuridad, par e impar, limitado e ilimitado" que se equilibra y armoniza en el número como su principio y fundamento. 


De todos los números será, para los pitagóricos, el número "UNO" el fundamento de la naturaleza, ya que este número carece de contrarios por ser - a su vez- para e impar.  Así, el universo se comprende por la ecuación de los números como los elementos básicos de lo cual se compone la realidad, el "CUATRO" es, por ejemplo,  el número de la justicia y el "DIEZ" conocido como la Tetraktys encierra la perfección de toda ecuación numérica y la suma de todos los posibles, es, para los pitagóricos, el número perfecto -y universal- compuesto por los números sagrados 1, 2, 3 y 4 de los cuales su suma total es "DIEZ".


De Pitágoras no poseemos mayores escritos y su pensamiento se sustenta básicamente en lo que sus discípulos nos han hecho llegar de su filosofía, de él nos queda la imágen de un filósofo místico conocido también por su secretismo filosófico y religioso, ya que consideraba el alma humana como metempsicosis, es decir, su filosofía incluía la definición de transmigración del alma, concepto de inmortalidad que será tratado posteriormente en la filosofía de Platón.


De la Isla de Samos, en el mar Egeo, y de Crotona, al sur de Italia, nos trasladamos ahora a Éfeso y a la región de Elea, donde los también filósofos presocráticos, Héraclito de Éfeso, y Parménides de Elea, tratarán sobre la condición del cambio y el elemento originario que explica y encierra la realidad del mundo material.


Héraclito y Parménides ("Ser" y el problema del cambio)


Héraclito (540 - 470 a.C), nacido en Éfeso, antigua ciudad portuaria del Egeo, en la Grecia jónica del Asia Menor, buscó la verdad en la soledad, mostrando -en el distanciamiento- el camino que el filósofo debe seguir en su reflexión de lo real.  Ciertamente, para Héraclito, el desvelamiento de la verdad, en el desocultamiento del Ser, es para el filósofo un ejercicio de reflexión que con dedicación, y sin prisas, el logos humano logrará inferir. 




La reflexión filosófica sobre el elemento originario o el arché de la physis, entiéndase, sobre la naturaleza, el filósofo muestra ser en la disyunción -la senda- que la razón deberá seguir si esta pretende colegir en la verdad.   



"Así pues, podemos entender el fragmento de la siguiente manera: la verdad, la luz plena que muestra no esto o aquello sino lo que es, la iluminación del todo de lo que el propio Apolo es señal, no aparece de un modo fácil e inmediato, sino que tiene una relación esencial con la oscuridad. la verdad no es un objeto que podamos encontrar, del mismo modo en que encontramos un árbol, una casa o un amigo. la verdad en sentido pleno es aquello sin lo cual nada podría ser explicado, es la verdad del todo; o sea, es el principio, el arché, tal y como señalamos al empezar." (Palazzo Sandro, lo Uno y lo múltiple)

Lo oculto, que solo en la razón es develado, será la motivación filosófica de los griegos antiguos, así como de la filosofía moderna y contemporánea, el desvelamiento del Ser, la aletheia que no es otra cosa que el el desocultamiento de la verdad, que, en cuanto a principio, se encuentra de manera inmanente e implícita en el todo de la realidad y, es, precisamente por su carácter de complejidad, que el filósofo deberá tomar distancia para hacer de su reflexión un ejercicio acertado de la verdad. 


Una verdad que permanece aprisionada y que el filósofo desea liberar de la doxa u opinión superficial de lo que el filósofo contemporáneo Heidegger identificó la indiferencia del "uno", es decir, el dominio colectivo que el ser humano tiene de la realidad y de sí mismo, señorío del cual el filósofo se apartará para descubrir en su retiro el criterio esencial sobre el cual el todo se unifica y, que es, a su vez, el principio substancial del Ser.


Sobre este criterio o principio substancial Heráclito definió -en el logos- el principio unitario que ordena y estructura al Ser, es decir, la realidad y al hombre mismo integrado en ella. El logos, para Heráclito, refiere al pensamiento o inteligencia universal que ordena el cosmos y del cual el filósofo accede en virtud de su propia inteligencia, la cual, conecta con la razón holística que todo lo envuelve y todo lo integra. Un logos eterno que supera el yo particular. 


Ahora bien ¿Cuál será para Heráclito el criterio universal que el logos eterno sigue  para ordenar y estructurar la realidad y que la razón temporal deberá inferir para entender la estructura substancial de la physis (naturaleza)? 


El "ser" de las cosas es, precisamente por ser distinto y múltiple de los entes que interactúan y relacionan su propia condición de ser, pero ¿Qué unifica estos entes? Dirá Heráclito sus contrarios y sus opuestos. Así como el agua de mar provee oxígeno para los peces sumergidos en ella, asimismo, esta misma agua se vuelve insuficiente para el hombre que sumergido en ella pretenda respirar su oxígeno sin instrumento alguno, aunque esta agua sea necesaria para la vida y el oxígeno del planeta . Este ejemplo nos hace entrever cómo una misma realidad posee en "sí misma" contrarios y opuestos que le pertenecen como realidad, pero que son necesariamente en relación al otro y en relación a otros entes.


Al estar todo vinculado, vemos cómo esta relación de contrarios y opuestos son necesarios en la estructura substancial del Ser. Así como la injusticia necesita de la justicia para Ser, la oscuridad necesita la ausencia de luz para estar. 


"Ser y no Ser constituye el propio rastro de lo múltiple. Así el devenir es el vínculo más manifiesto entre los opuesto" (Palazzo Sandro, lo Uno y lo Múltiple). 


Heráclito, señalado por la filosofía clásica como el filósofo del cambio, atribuye en la realidad un devenir y un movimiento perenne de los fenómenos -necesarios- en la constitución del Ser. Y es precisamente este devenir, y este movimiento continuo de los fenómenos, lo que el logos -universal y eterno- posibilita para la estructuración óntica de la realidad. 


Para Heráclito todo cambia, cómo nos lo hace saber un famoso ejemplo atribuido a él cuando nos dice que: "nadie puede bañarse dos veces en un mismo río, ya que, al entrar en él, sus aguas han cambiado y no son ya las mismas", pero lo que no cambia es el cambio en sí mismo. Ahora bien, el fuego será para Heráclito el compuesto perceptible presente en el devenir de las cosas, ya que el mundo es para Heráclito "fuego siempre vivo" donde el cambio y el devenir siguen siempre su camino. 


El mundo, para Heráclito, es eterno, pero en un constante devenir, y al ser este formado de "fuego vivo" hace que este principio -el fuego- esté siempre presente en el ciclo de la materia como energía actual que el logos utiliza en el acaecer de las cosas, que el logos imperecedero ordena y estructura. Siendo el discurso del logos la verdad que el filósofo debe seguir en el discernimiento del Ser. 


Ahora bien, contrario al pensamiento de Heráclito, encontramos en Parménides de Elea (530 y 515 a.C pero con fecha de fallecimiento no establecida) una antítesis al concepto de devenir y cambio de Heráclito. Parménides, concibe la realidad como algo inmutable, en donde el conocimiento es posible alcanzar siguiendo el camino de la verdad, que difiere al camino de la contradicción. 


Para Parménides, la realidad se compone sustancialmente no de opuestos ni de contrarios, como lo afirmará Heráclito, sino de lo inconmutable, así, la primera verdad con la que nos encontramos en Parménides es que el Ser no cambia, sino que permanece. Por ende, "el Ser es y el no Ser no es". Por lo que afirmar que el "no Ser es y el Ser no es" deriva en una contradicción que, por sí misma, es insostenible.


Lo único que existe es el Ser ya que el no Ser es la nada y la nada es incognoscible y, por ende, inexistente. Por lo que la inmutabilidad del Ser hace que la mutabilidad y la multiplicidad de Heráclito, sea, para Parménides, una quimera y no una realidad.


Siguiendo el principio de no contradicción que niega que una cosa pueda ser y no ser a la vez, se entiende el postulado filosófico de Parménides, donde, para el filósofo el cambio es solo una ilusión ya que el Ser es siempre el mismo y por lo tanto se mantiene. Siendo la razón, y no los sentidos, la que develará al intelecto la realidad propia del Ser como principio ontológico del cosmos. Lo que deja en la filosofía un problema ya que La tesis de Parménides de que el Ser es y el no Ser no es, contradice la afirmación de Heráclito quien asevera que todo fluye y que lo único que se mantiene es el cambio, pero ¿No es entonces el cambio el Ser inmutable de la realidad? ¿Qué es lo que cambia?... Por ende, en línea al problema ontológico del Ser, la filosofía deberá seguir camino en su reflexión cognitiva del todo. buscando encontrar, en su meditación, respuestas inteligibles de la realidad que permitan -al logos humano- el desvelamiento profundo de la verdad. 





 

 

























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