Empédocles y Anaxágoras, filósofos pluralistas
Consumado el pensamiento presocrático, encontramos en Empédocles y en Anaxágoras -filósofos del siglo V a.C- su intención en atender al problema que Heráclito y Parménides dejaron a la filosofía sobre la reflexión que occidente refiere al tema de cambio y movimiento. Con Heráclito afirmamos que la realidad misma es movimiento, y que todo está en un constante devenir, no obstante, con Parménides argumentamos la inmutabilidad del Ser y que el movimiento y el devenir de las cosas son una ilusión ya que, según Parménides, lo que da consistencia al cosmos no es el movimiento, sino el Ser, el cual es en sí mismo inmutable, por lo que lo único que existe es el Ser ya que el no Ser es la nada y la nada es incognoscible y, por ende, inexistente. De modo que, considerando que el no ser es la nada y que la nada es incognoscible ¿Es acaso posible inteligir y hacer juicio de un mundo que se encuentra en tenaz circulación? ¿Cómo conciliar el tema del cambio y la inmutabilidad del Ser para que tanto el conocimiento como el juicio no sean una quimera sino una realidad?
Para Anaxágoras, así como para Empédocles, el mundo no es un devenir continuo ni permanente, sino reunión y separación de elementos eternos e indestructibles, así, el cambio y la inmutabilidad son, en la teoría pluralista de la realidad, posibles de conciliar cuando concebimos que el origen y el principio (arché o arjé) propio de los entes es en sí mismo múltiple y compuesto. El mundo, que, para los filósofos griegos es eterno y permanente, es, para la filosofía pluralista, una composición de elementos (infinitos) que agrupados y separados dan origen y forma al mundo cognoscible que la razón trata de colegir.
El mundo es posible de inteligir cuando comprendemos que este es, aunque imperecedero, compuesto por elementos que se combinan y se separan en la agrupación misma de su mixtura, dando forma –así- a los entes propios que integran el universo. El Ser que es para Parménides eterno e inmutable, es, para la filosofía pluralista, una composición de elementos, que, aunque eternos, son, por su naturaleza, una realidad en tránsito necesaria para la estructura propia del Ser, conciliando así la teoría de mutabilidad e inmutabilidad que, entre Parménides y Heráclito, la filosofía trató de explicar sobre el ser del mundo y su naturaleza, pero ¿Cómo entender a Anaxágoras, y al mismo Empédocles, sobre esta realidad de cambio y la inmutabilidad propia de las cosas? ¿Cómo comprender la univocidad del Ser y la multiplicidad de los entes?
Empédocles (nacido en Sicilia, al sur de Italia), concibe el principio material del todo en cuatro elementos imperecederos, a saber: tierra, aire, fuego y agua, pero que estos a su vez se encuentran por su propia naturaleza en constante proceso de asociación y separación, haciendo posible así la estructura de los entes que componen la realidad y la naturaleza propia de las cosas, pero ¿Qué hace posible esta agrupación y desunión propia de los elementos que componen el mundo natural? Empédocles responde que la causa de esta unión y separación de elementos es motivada por la interacción de dos fuerzas que regulan y ordenan la realidad, el amor y el odio.
"Pues todos estos elementos: sol, tierra, cielo y mar, están adaptados en sus diferentes partes para todo lo que anda por el mundo mortal. Y si todo lo que se muestra más propio de la mezcla se atrae recíprocamente, por la acción de la semejanza y del amor, por el contrario, lo que es enemigo de ella se mantiene a gran distancia; naturaleza, composición, formas que revisten, todo contribuye absolutamente a oponerse a la reunión, bajo el imperio del odio que le ha dado nacimiento." (Empédocles, sobre la naturaleza)
Pues bien, de la misma forma como Empédocles explica la composición de los entes por los elementos (tierra, aire, fuego y agua) que se atraen y se separan motivados por la fuerza del odio y del amor, Anaxágoras (quien nació en Clazomene, la actual Turquía) explica la composición de las cosas, no en los elementos que propone Empédocles, sino en principios infinitos y divisibles llamados homeomerías -o semillas- que mezcladas entre sí forman y estructuran la entidad misma de las cosas, siendo esta la razón originaria de la existencia de los entes individuales como de su multiplicidad.
Afirmando, Anaxágoras, que todo está en todo, es decir, que las cosas están compuestas,en mayor o en menor medida, por la infinita cantidad de homeomerías que existen en el orbe.
"Ya que, en lo que es pequeño, no hay un último grado de pequeñez, sino que siempre hay algo más pequeño. En efecto, no es posible que lo que es deje de ser, (en cuanto a la división). Igualmente, en relación con lo grande, siempre hay algo más grande y es igual a lo pequeño en cantidad y, por relación a ella misma, cada cosa es a la vez pequeña y grande.
Y puesto que hay, en la pluralidad, igualdad en la división de lo grande y lo pequeño, puede haber también de todo en todo. Pero no es posible que algo sea aislado y todas las cosas tienen su parte de todo. Tercer momento en que no puede haber un último grado de pequeñez, las cosas no pueden estar separadas ni venir a la existencia. Es necesario que sean ahora como eran al principio, cuando estaban todas juntas. En todas las cosas hay, pues, pluralidad y, a la vez en la más grande y la más pequeña, igualdad en la pluralidad de cosas separados." (Anaxágoras, fragmentos)
Así mismo, a diferencia de Empédocles, Anaxágoras explica la razón de esta estructura no en la fuerza causada por el odio o por el amor, sino por una inteligencia trascendente que ordena y estructura la misma realidad, el nous. Inteligencia infinita que se encuentra separada de la materia, y que es en sí misma sin mezcla alguna de homeomerías.
En conclusión, los filósofos pluralistas (Anaxágoras y Empédocles) concilian, a su modo, la univocidad del Ser y la multiplicidad de los entes, afirmando que las cosas son compuestas de principios eternos que se separan y se unen para dar mixtura a la realidad, siendo posible así inteligir lo uno y lo múltiple como hacedero el juicio y el conocimiento.
