La vida como voluntad de poder

 


La vida es voluntad de poder


Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán del siglo XIX. Nació en la comunidad de Rocken, municipio actual del distrito de Burgenlandkreis, estado de Sajonia Anhalt. Su vida fue relativamente corta ya que murió a la edad de 55 años. Su fecha de nacimiento fue el 15 de Octubre de 1844 y su fallecimiento aconteció -sumergido en locura- el 25 de Agosto de 1900.





Nietzsche siendo aún joven encontró en la obra de Schopenhauer (1788 - 1860), "el mundo como voluntad y representación," el fundamento de lo que será su filosofía, aunque después abandonará las ideas de Schopenhauer, estas, sin duda, marcaron el hilo conductor de lo que será su pensamiento y su ideal filosófico, el superhombre y la vida como voluntad de poder.


Para  Nietzsche la vida es el acontecimiento de dos fuerzas que se contraponen, pero que se integran en una sola facilitando así la fuerza vital y el ímpetu de la existencia, lo apolíneo y lo dionisiaco. 



 Apolíneo y Dionisíaco 


Estas fuerzas, apolínea y dionisíaca, representan la mitología griega del dios Apolo, el dios del sol quien simboliza orden, razonamiento, virtud, medida y equilibrio, y Dionisio, el dios del vino quien encarna la embriaguez, la irracionalidad, el caos y el desenfreno. Apolo representa el principio de individuación y Dionisio su disolución, pero ambos simbolizan un mismo principio, la vida.






La vida en el mundo griego antiguo (siglos VII - IV a.C), anterior al esplendor del período socrático, se explica y entiende dentro del caos, es decir, no ordenada a la razón, sino sometida al instinto y a la pasión, no obstante, el desenfreno de la vida representada aquí en el dios Dionisio es cubierto a través del arte como camino de fuga que hace trascender el desconcierto. 


A través de la pintura, la poesía y la escultura se pretendía acceder al orden y a la belleza, creando la ilusión de una vida estética separada del desajuste de la realidad caótica en la cual el griego se sentía situado. 






La música y la danza son, contrario al arte estético del dios Apolo, expresión desbordada de la vida, manifestación del espíritu dionisíaco que circunda el mundo griego antiguo, y exteriorización irracional de lo que significa existir. No obstante, estas dos fuerzas (apolínea y dionisíaca) se sintetizan en "el nacimiento de la tragedia." 


"La vida piensa Nietzsche siguiendo a Schopenhauer, es cruel y ciega irracionalidad, dolor y destrucción. Sólo el arte puede ofrecer al individuo la fuerza y la capacidad de enfrentar el dolor de la vida, diciendo sí a la existencia. Y en el nacimiento de la tragedia, que es de 1872, Nietzsche trata de hacer ver que la civilización griega presocrática surge en un vigoroso sentido trágico que es aceptación ebria de la vida, vigor ante el destino, exaltación de los valores vitales. El arte trágico es un valiente y sublime sí a la vida". (Giovanni Reale y Darío Antiserí, 2017 pág. 18)


Apolo representa, como hemos ya señalado, el principio de individuación, que para Nietzsche es causa de escisión, de este principio nace el concepto "individuo" como un "yo" aislado que la filosofía moderna expondrá en la noción de "sujeto" dando al "yo" categoría de sustancia. 


Sin embargo, en Nietzsche, el "yo" no contiene carácter de  sustancia, más bien es definido por el filosófo como una ilusión, la cual pretende sustentar la vida por debajo de la abstracta razón. Es así, que, para Nietzsche, La moral como fruto de la razón,  se muestra en consecuencia de una intención decadente de querer limitar el espíritu dionisíaco y, limitando el espíritu de Dionisio se limita la vida. 


"Los dos instintos, tan diversos entre sí, van uno junto al otro, casi siempre en abierta discordia... hasta cuando gracias a un milagro metafísico de la voluntad helénica,  aparecen finalmente acompañados el uno con el otro y en este acompañamiento final generan la obra de arte, tanto dionisíaca como apolínea, que es la tragedia ática.


Sin embargo, cuando con Eurípides se intenta eliminar de la tragedia el elemento dionisíaco a favor de los elementos morales e intelectualistas, entonces la clara luminosidad en las confrontaciones de la vida, se transforma en superficialidad silogística: aparece Sócrates con su desmesurada pretensión de entender y dominar la vida con la razón, y con esto, llega la verdadera decadencia." (Giovanni Reale y Darío Antiserí, 2017 pág. 19)

 

El "yo" no existe


Nietzsche critica el concepto del "yo" en tres dimensiones a saber: el "yo" como identidad interior, el "yo" como fundamento y el "yo" como individuo.


En la filosofía nietzscheana el "yo" es una quimera, ya que para Nietzsche no existe el individuo, el individuo es una construcción social y su identidad interior no es más que  pluralidad, por tanto el "yo" como fundamento de la identidad es inexistente.


Cuando reducimos la existencia al "yo" subordinamos la vida, situando la existencia por debajo de la razón tal como lo pretendía Sócrates o el mismo Platón. El "yo" es la pretensión metafísica de querer  sustentar todo en la razón, pero a la vez es el resultado de un dualismo que busca separar  al hombre de la naturaleza, el cuerpo del alma, la materia de la idea y lo sensible de lo intangible sustentando el todo en lo abstracto. 


Este dualismo no es más que el resultado de una filosofía decadente (según Nietzsche) que pretende subordinar la vida en la razón y, por ende, en la moral. Limitando así el ímpetu de vida ya que según él la vida es fuerza, la vida para Nietzsche es voluntad de poder.


Para Nietzsche la vida no solo es razón ya que esto es propio del espíritu apolíneo, sino que esta es intensidad, pasión, desenfreno y fuerza vital. Cuando la razón obstaculiza los instintos reduce la voluntad a la impotencia colocando la vida en un estado de incertidumbre.


El individuo, según Nietzsche, no es más que el resultado de un dualismo y la pretensión histórica de querer situar al hombre por debajo de la sociedad, y por tanto por debajo de sus principios y valores, no obstante, lo que la sociedad llama individuo, Nietzsche lo denomina en "sí mismo".  


El hombre que es en "sí mismo" no es unívoco ni indivisible ya que este es sujeto de cambio.... contrario a lo que pensaba Aristóteles de que el individuo permanece invariable en el tiempo, Nietzsche afirma que este evoluciona ya que carece de una sustancia unívoca "el yo".


El hombre, para Nietzsche, es una realidad compuesta de instintos que son ordenados de manera jerárquica, mismos que emanan del interior del hombre según su fuerza e ímpetu, condicionando así la vida a este vigor que el filósofo nombrará voluntad de poder.   


A diferencia de Schopenhauer quien limita la voluntad a través del arte o la vida ascética, Nietzsche la potencializa en el ejercicio de una vida interior que no es más que la composición de distintos instintos jerárquicamente ordenados según su fuerza. Schopenhauer ve con pesimismo la realidad vital  argumentando que esta al ser expresión de la voluntad no es más que el resultado de una insatisfacción continua ya que para él voluntad es el deseo que el hombre tiene de lo aún no alcanzado, y por tanto causa de dolor y sufrimiento por metas u objetivos no logrados.


Así, Schopenhauer pretende apagar la voluntad y con esto el ímpetu de vida que, contrariamente Nietzsche aspira encauzar a su máxima expresión, el hombre abierto a sus instintos e impulsos vitales dará como resultado al superhombre, es decir, al hombre que, rigiendo su vida en intensidad, no es sometido al devenir histórico o a la pretensión metafísica de querer reducir el todo a la razón, el superhombre gobierna su vida en la jerarquía de sus propios principios y valores y no es rendido a fuerzas extrañas o abstractas.


Concluyendo, la metafísica ha tenido como centro, según Nietzsche, la nada, ya que para el filósofo no existe fundamento que justifique a la metafísica por encima de la voluntad, conduciendo -Nietzsche- su filosofía hacia la superación de un nihilismo filosófico que lejos de permitir al hombre avanzar lo detiene y lo reduce, limitando su ser al servicio de la moral sustentada en el nihilismo, es decir, en la nada, y por tanto carente de todo soporte. 


El pensamiento nietzscheano pretende, por ende, superar esta instancia de manera que, de la transmutación de valores surja el hombre nuevo, para Nietzsche el superhombre. 


La vida debe ser un "amor fati"... "expresión usada por Nietzsche para indicar la actitud del superhombre que, con espíritu dionisíaco, acepta la vida con entusiasmo en todos sus aspectos, aun en los crueles. El superhombre no sólo soporta lo que es necesario, sino que lo acepta y lo ama. El amor fati es la aceptación de la vida y del eterno retorno" (Giovanni Reale y Darío Antiserí, 2017 pág. 27)


El eterno retorno es vivir la vida sin miedo amándola y aceptándola tal cual es, sin esperar trascender la realidad hacia un mundo abstracto vacío de contenido según el pensamiento Nietzscheano.



Referencias Bibliográficas


Geovanni Reale y Darío Antiseri, Historia de la Filosofía, de Nietzsche a la escuela de Frankfurt, editorial San Pablo 4ta edición, año 2017.


Ofelia Schutte, Más Allá del Nihilismo, ediciones del laberinto S.L año 2000



    

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